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El Mugica FC un santuario para las chicas que aman el fútbol

El Mugica FC un santuario para las chicas que aman el fútbol

Un club, fundado por un cura, otorga becas de estudio a sus mejores futbolistas y les da la oportunidad de practicar el deporte que aman.

Cerca en la autopista Arturo Illia en Buenos Aires, hay una cancha de fútbol por los márgenes de la Villa 31. Ahí se encuentra el club del Padre Carlos Mugica, donde las mujeres pueden practicar el deporte que aman, sin temor a ser juzgadas por ello. Es de noche pero cuando las luces iluminan a las chicas que se reúnen ahí, sucede algo único para un país donde las chicas no suele pisar el césped de un campo de fútbol. Son unas jóvenes que sólo tienen en mente dominar con sus pies un balón y divertirse.  El club se llama Padre Carlos Mugica, y una imagen de él se puede ver en las paredes que rodean la cancha. Ver su rostro es un recuerdo constante de la razón de ser de esa cancha: romper estereotipos, superar barreras y eliminar prejuicios. 

Cuando patear un balón puede ayudar a superar un miedo

Con el sueño de moldear un futuro alentador, el club hace un enorme aporte para que las chicas consigan desarrollarse en lo deportivo y profesional. De esta forma, ha hecho entrega de cuatro becas de estudios: tres de ellas las utilizan en el "Instituto Superior de Educación Física Enrique Romero Brest" y la restante en la "Universidad Católica". Y una de las afortunada en conseguir una es la joven de 19 años, Romina Villalba.

Romina Villalba. / Fuente: Página oficial de Facebook Club Padre Carlos Mugica

Romina Villalba. / Fuente: Página oficial de Facebook Club Padre Carlos Mugica

Una chica llena de energía que gusta jugar en la posición de delantera y capitana del equipo femenino del Mugica. Cuando llegó al club, menciona que se sintió muy bienvenida y nadie la juzgó por su gusto por el fútbol. Su rutina diaria es por la mañana trabaja en el hogar del club, en el centro de rehabilitación para adictos a las drogas. Por la tarde, cursa el primer año en el profesorado de Educación Inicial con la beca otorgada por la "Universidad Católica". 

Para un club que le ha dado mucho, Villalba estaba más que dispuesta a dar lo mismo por ellos. En el 2016, se le ofreció el puesto de entrenadora para las más pequeñas, las niñas de 5 años. Sin embargo, no duró mucho en la tarea porque no le alcanzaba el tiempo para todos sus objetivos. Pero nunca se pierde un partido de sus pequeñas futbolistas cada fin de semana. Son actividades que logran salvar a mucha gente de malos hábitos.

Pero ¿qué malos hábitos se refiere Villalba? El presidente de la institución, el padre Guillermo Torres narra el caso de una chica. Una joven que prefiere quedar en el anonimato pero que pudo superar su adicción a las drogas. A través del deporte se cultivan los valores humanos, la solidaridad, la amistad, el trabajo en equipo, la lucha por un objetivo en común. “Aquí [la chica] conoció amigas, personas que la aprecian y con el fútbol, encontró una manera de liberar tensiones y una diversión sana. Cultivó virtudes y ahora forma parte del equipo. Tiene un lugar al que pertenece. La mayoría de las chicas tiene una historia de vida difícil”, añade el padre Torres. 

La mayoría de las chicas tiene una historia de vida difícil.
— Padre Guillermo Torres, presidente del club Padre Carlos Mugica.

Más que un club, un santuario para todos

Tanto miembros del equipo oficial del club, como mujeres, jóvenes y niñas que sólo buscan un lugar para jugar. Todas son bienvenidas. Algunas de las chicas que llegan al entrenamiento -varias son madres- lo hacen para pasar el rato y divertirse aunque otras tienen vocación de futbolistas y exhiben un enorme despliegue.

Entrenamiento nocturno del equipo femenino del Mugica. / Fuente: lanacion.com.ar

Entrenamiento nocturno del equipo femenino del Mugica. / Fuente: lanacion.com.ar

 Las cuestiones de género y la reticencia son un problema constante que Duffo ve a diario. Por ejemplo, los padres cuando envían a sus hijos, los pueden ver con un equipo completo para un futbolista: camisetas, medias, shorts, botines, canilleras. Ahora, cuando ven a una niña entrar por primera vez, usa un polo y pantalones largos. Es como si sólo buscaran saciar un capricho que esperan se les vaya con rapidez. Por eso no hay necesidad de invertir tanto. O temen que ya no sean femeninas si juegan fútbol. Una idea que causa gracia a la entrenadora.

Las chicas no van a dejar de ser chicas por jugar al fútbol.
— Josefina Duffo, entrenadora.

Y al momento que ella habla con los padres y cuando ven a sus niñas jugar, las dudas se van. En el club se rompen barreras constantemente. Sean personales o sociales. El lugar que había visionado el padre Mugica, un santuario para quienes busquen la aceptación y el bienestar propio por medio del deporte, es una realidad.

La imagen del padre siempre está presente en la cancha y quienes llevan el mando del club, tienen muy en claro cual era el objetivo de Mugica al construir ese recinto. Un lugar donde no sólo se desarrollara la ejecución de las actividades deportivas y culturales. Un espacio para que hombres y mujeres puedan ser ellos mismos, sentirse bienvenidos. Un refugio para evitar los malos caminos si en algún momento se sentían solos o rechazados.

El padre Mugica tenía muy claro que el deporte favorece el desarrollo físico, mental y social. Y este tipo de beneficios ayudarían mucho a personas que se encuentran en una situación social desfavorable. Para las chicas del Mugica, el fútbol es una batalla cultural. No se les reconoce como igual de buenas que los hombres, son desvalorizadas. Y ellas están dispuestas a demostrar lo contrario.

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