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Dzenifer Marozsán: La futbolista que vuelve a cualquier equipo en una amenaza de clase mundial

Dzenifer Marozsán: La futbolista que vuelve a cualquier equipo en una amenaza de clase mundial

La capitana de la selección alemana es una experta de 24 años en volver a sus equipos en el rival a vencer en cada torneo. No sólo por su innata habilidad para marcar goles, sino por la cantidad de jugadas que nacen de sus pies. En un deporte cada vez más egoísta y competitivo, Marozsán prueba que la generosidad de dar un pase vuelve al fútbol en una obra de arte ¿Por qué a veces entregar el balón a un compañero es más importante que anotar un gol?

Era una fría noche de noviembre del 2016 en el Sportforum, el estadio de la ciudad alemana de Chemnitz, cuando Dzsenifer Marozsán corrió con el balón hacia el arco rival después de romper el medio campo noruego. A unas horas al oeste de Berlín se jugaba el último partido de preparación con miras a defender sus quinto título consecutivo como campeonas de Europa en el 2017. Atrás estaba la medalla de oro de los juegos Olímpicos de Río, adelante Maren Mjelde la defensora central y capitana del equipo noruego que la vigilaba a una prudente distancia.

Mjelde es una de las mejores defensoras del mundo: en el 2015 estuvo en la selección del equipo ideal de la FIFA. Pero ese día la más joven de ese selecto grupo corría hacia ella. El partido estaba empatado a un gol por equipo, Noruega había perdido la última final, era una práctica muy seria. Marozsán levantó la cabeza, miró a los lados, vio a sus delanteras corriendo detrás de la línea invisible del balón que ella dominaba. Faltaban treinta minutos para que acabe el partido, las tres defensas de Noruega — camiseta azul, pantalón rojo— se separaron para cubrir el contragolpe de las tres de blanco que aceleraron el paso. El fútbol es un partido de noventa minutos que puede decidirse en segundos. El uno contra uno es inevitable. Sin embargo, en los siguientes cinco trancos de Dzsenifer Marozsán lo más importante ya no será si pasó el balón, si se llevó a la defensa o si hubiera podido anotar un gol. En menos de un segundo pasará de ser una amenaza para sus rivales a un dolor de cabeza para su entrenadora Steffi Jones. Porque su último partido oficial del año acabará con ella cayendo sobre el pasto del estadio. Las cinco mil personas que asistieron a ver el juego entre Alemania y Noruega aguantaron la respiración. La defensa Maren Mjelde cortó el avance de la alemana con una limpieza quirúrgica. No fue un choque violento o agresivo, sólo un común impacto futbolero. Sin preocuparse por la rival caída, Mjelde pasó la pelota para una salida limpia, y sólo cuando las alemanas dejaron de jugar, escuchó los gritos que provenían del suelo. Con los ojos cerrados por el dolor yacía el presente y el futuro del fútbol femenino alemán. Dzsenifer Marozsán terminaría su año más exitoso rodando de dolor sobre el césped, después de que el cruce le torciera el tobillo.

El fútbol es un deporte de contacto, y para una joven veterana que empezó a jugar en la Bundesliga Femenina a los catorce años, te vuelve propensa a lesiones de futbolistas cercanas a su último partido. Sus tobillos débiles y rodillas frágiles son sus mayores adversarios para continuar a este nivel que le da una tonelada de experiencia. Ella posee una velocidad explosiva en los últimos metros, algo poco común para quién tiene una visión de juego de una volante con varias temporadas. A esa alquimia de cualidades, la juventud para apilar defensores con velocidad y la madurez para pasar la pelota al mejor ubicado, le permite  convertir a sus equipos en rivales difíciles de vencer. Dzsenifer Marozsán es la diferencia entre ser buenos y ganar una final. Pía Sundhage la entrenadora de Suecia que ideó las estrategias para eliminar a los favoritos Estados Unidos y Brasil en las Olimpiadas de Río 2016, luego de perder la final contra Alemania justificó la derrota con sencillez “es el mejor equipo del mundo”.

En el papel era el mismo grupo que quedó fuera del mundial de Canadá 2015 en semifinales, sólo había un elemento diferente en su plantilla: Dzsenifer Marozsán. La revista Women’s Football en Junio de 2015, unas semanas antes del mundial, opinó que si bien la selección alemana era la favorita en campeonar, sin Marozsán —con los ligamentos de las rodillas dañados en un entrenamiento— podría ser la primera en el ranking de la FIFA, tener a las mejores delanteras de Europa pero no podrían vulnerar las defensas más duras del mundo sin su creatividad. La predicción hecha por la revista resultó correcta. Alemania fue eliminada por Estados Unidos dos goles a cero en semifinales en Canadá 2015. Si la selección germana tiene a las mejores intérpretes de Europa, posición por posición, lo único que necesitan es que su directora de orquesta llegué sin lesiones a los juegos importantes para que la música de los campeonatos empiece a sonar:

—Oleeee Ole Ole Ole Oleee… Ma - Roz - Sáaannnn. Ma - Roz- Sáaaannn

Un equipo de fútbol es como una orquesta. Cada miembro ejecuta una parte de la música, pero para que cada ejecución tenga la misma velocidad, sentido y volumen el director debe convencerlos de aceptar su batuta. Cuando Silvia Neid, la antecesora de Steffi Jones, nombró a Marozsán como su capitana para las olimpiadas hizo evidente lo que ya sucedía en la cancha. Ver los juegos de Alemania con Marozsán en el campo pocas veces es aburrido. La partitura que escribió la mejor entrenadora del mundo el 2017 para su selección durante los diez años que la tuvo al mando, tiene una apariencia sencilla pero letal: explota cada una de las deficiencias de su rival. Con una defensa de cuatro ordenada que siempre se adelanta y presiona, obliga a los rivales a perder la pelota apenas pasan la media cancha. Sus laterales son gacelas veloces con salidas rápidas por las bandas y buenas lanzadoras de centros. Sus cinco mediocampistas tienen recorrido y son hábiles en encontrar los espacios vacíos. Su solitaria punta es una cazadora de oportunidades y la primera línea de defensa. En rigor no tiene nada de original pero mantener ese estilo de juego es una de las claves por la que el sistema alemán de fútbol ha producido tantos equipos campeones con regularidad. Como hace notar Graham Hayes para ESPN W, Alemania no tiene una generación dorada, siempre juega así. Las selecciones mediocres que construyen sus equipos a meses del torneo, sucumben ante futbolistas de élite que llevan una vida ensayando esas mismas jugadas en las divisiones menores. El nerviosismo suele desaparecer cuando sabes lo que haces, por eso las mejores selecciones de Europa reconocen que contra Alemania no son las favoritas.

Si Silvia Neid compuso la partitura, el rol de Marozsán en la selección es que esa estrategia se ejecute con ferocidad. En la pizarra cumple una función similar al de su admirada Nadine Kessler, la mejor jugadora del mundo el 2014, ser el engranaje entre el ataque y la defensa. Una mediapunta que desequilibra la defensa rival, pero a diferencia de Kessler que se valía de su técnica para apilar rivales en jugadas maradonianas en su veloz camino hacia el arco; la actual capitán alemana prefiere aprovechar las fortalezas de su equipo y en segundos imponer al partido el ritmo de su equipo. Si la marca del rival está a cancha completa ella trata de que todo el equipo juegue en apenas dos toques. Si la defensa se encierra en el arco, crea posibilidades para que puedan patear de lejos y así obligarlas a salir. Si todo el equipo rival defiende como un enjambre enfurecido sin salir de la media cancha, ella empieza con la pared y desmarque que agota a las más persistentes defensas. Aunque ella tenga las habilidades de resolución de un Cristiano Ronaldo, prefiere demoler a sus rivales en equipo. La selección alemana y sus clubes no son malos cuando ella no está, son tan sólo diez intérpretes en busca de una dirección. Yolanda Sarmiento, profesora del Conservatorio Profesional de León en España, opinó en una nota sobre directores de orquesta para el diario español La Información, que “todo director de orquesta desprende cierto magnetismo que procura que todos nos enamoremos de la música”. Cuando ella está en la cancha hace que todos desde el hincha hasta las rivales quieran ser parte del baile.

La niña de Hungría en Alemania

Antes de que Dzsenifer Marozsán fuera el mejor magneto del fútbol femenino prefería jugar al tenis. A principios de la década de los noventa en Saarbrücken, la capital del estado de Saarland, en la frontera con Francia, el deporte blanco era el más popular de la ciudad: con apenas cien mil habitantes, había más de una docena de clubes ( y apenas tres de fútbol). La fiebre estaba justificada: de esas canteras había surgido en los ochenta una de las mejores tenistas de la historia alemana, Claudia Kohde Kilch. Cuando Marozsán nació en Budapest en 1992, la gigante de un metro ochenta y siete, ya había conseguido coronarse en dos Grand Slams en dobles, una década en el circuito y ganado más de dos millones de dólares en premios. Su padre, Janos Marozsán llegó a la provincia en 1997 para terminar su carrera como defensor en el equipo de la ciudad el FC Saarbrücken. En su mejor momento llegó a representar a la selección húngara para las desastrosas clasificatorias del mundial de Italia 90. Pero más que una decisión deportiva, fue una elección familiar. El equipo de fútbol que durante los cuarenta había llegado a ser sub campeón nacional, en el momento en que llegó el defensor húngaro, apenas podían mantenerse en la tercera división (hoy juega en la cuarta). La caída del bloque soviético había llevado a Hungría a una crisis económica, que incluso había afectado al fútbol. Cualquier equipo fuera de Hungría era una oportunidad. Él jugó por una temporada pero la familia Marozsán, como otros millones de migrantes provenientes de Europa oriental, decidieron adaptarse al ritmo tranquilo de la pequeña ciudad alemana.

Para la pequeña Dzenifer, Alemania era el tenis y Hungría era el fútbol. Era su hermano mayor David saliendo de casa después de la escuela buscando un partido para anotar goles. Era ella siguiéndolo para que la dejara jugar con sus amigos. Era él negándose a llevarla. Era ella jugando de todas formas. Hasta que un día él empezó a convocarla a sus juegos. Entonces el tenis se fue a la banca, y buscarle un equipo fue prioridad. Al recordar aquellos días en una entrevista para la televisión alemana Deutsche Welle ella confesó que no estaba pensando en llegar a la selección o a grandes estadios. El fútbol se convirtió en su forma de adaptarse. Si bien el tenis era el deporte más popular de la ciudad se trataba de una disciplina individualista; en cambio el fútbol le permitió a Marozsán, como a otros jóvenes deportistas migrantes, forjar fuertes lazos de amistad. No es de extrañar que desde esa época migratoria en los noventa, en la mayoría de las selecciones de fútbol de Alemania hayan futbolistas con una clara ascendencia extranjera. Nadie se queja de los Ozil, Podolski, Khedira cuando Alemania se cansa de levantar copas y ganar medallas. Nada como un migrante devolviendo al país la oportunidad que le dio. No pasó mucho tiempo antes de que su padre la inscribiera en la rama femenina de F.C. Saarbrüecken, su ex club.

A los trece años antes de ser la deportista de los tatuajes en los brazos, de rostro anguloso y fulgurantes ojos azules, era una niña de cara redonda que en sus ratos libres, prefería trabajar de recogebolas en los partidos del primer equipo del club. La razón por la que Marozsán estuviera en la cancha aunque no jugara, no sólo se debía a su amor por la camiseta celeste del F.C. Saarbrüecken. Ella iba a ver a una futbolista de diecisiete años convirtiéndose en la goleadora del club. En la segunda división de la Bundesliga Femenina hacía su debut la futura balón de oro Nadine Kessler. En aquel tiempo, era una mediapunta veloz y peligrosa, sin la lesión en su rodilla que terminaría por acabar temprano su carrera. A pesar de que han compartido camerinos en la selección alemana, Marozsán aún cuenta con la emoción de una fan cuando pasó de ser una recogebolas a compartir el campo con ella. De pronto un equipo de provincia —durante el 2008— estaba cargado de un talento juvenil de clase mundial. En la Copa Alemana Femenina (DFB - Pokal) —un torneo donde juegan más de cuarenta equipos de todo el país— consiguieron llegar a la final del torneo frente al poderoso FC. Fráncfort Femenino, múltiple ganador de la Liga de Campeones. El partido se jugó en el Estadio Olímpico de Berlín, el primer gran escenario de Marozsán, y aunque perdieron por cinco goles contra uno, casi una década después no se siente como una derrota. Ese juego puso tanto a Marozsán como a Kessler en la vista de los seleccionadores nacionales. Fue el empujón que sus carreras deportivas necesitaban. En cierta forma el resultado de la final tuvo una resolución muy realista para una temporada que parecía de cuentos de hadas (venir de la segunda división a la final de un torneo nacional). En las fotografías después del partido su semblante muestra decepción y las lágrimas caen sin esfuerzo sobre su rostro. El día anterior había cumplido dieciséis años. Pero tal vez la razón de su desconsuelo se deba a que esa sería la última vez que jugarían como equipo. Ella es una extraordinaria futbolista que no puede pensar en singular. En sus entrevistas siempre evita que su protagonismo opaque al trabajo en equipo. Prefiere hablar sobre la fortaleza del grupo, la diversión de los camerinos, las celebraciones de las victorias. Ella es la innegable estrella del equipo, que prefiere sentirse parte de una constelación. Cuando ella anota un gol en vez de esperar a que sus compañeras se acerquen, suele correr hacia su equipo, como si el gol les perteneciera a todas. Al año siguiente, en el 2009 Kessler fue contratada por el FFC Turbine Potsdam, un equipo de primera división, con el que pelearía por los primeros lugares de la Bundesliga. Marozsán se quedaría un año más en Saarsbrüecken, lo llevaría a la primera división, para luego ser contratada por el FC Fráncfort un club que vio en ella el recambio generacional y la posibilidad que desde hace años no conseguían: ser el mejor club de Europa.

La brillante estrella del Fráncfort FC

Destacarse en un cuadro de primer nivel nunca es fácil, hacerlo en el FC Fráncfort añadía varios kilos de presión a los hombros de su nueva jugadora. Si bien desde principios del 2000 ha sido el club que más veces ha llegado a la final de Copa de Campeones (06), el que tiene más finales de liga disputadas (13), y uno de los primeros en Europa en invertir en futbolistas extranjeras, atravesaban un déficit de copas. Las casacas negras fueron las primeras en Alemania, en desarrollar un modelo deportivo que no dependía de una versión masculina para su mantenimiento. Su importancia trascendía las fronteras de su ciudad: la canciller Ángela Merkel solía asistir a su estadio cuando jugaban una final. Con la aparición de más clubes como el Wolfsburgo y el Bayern en la competencia, el fútbol femenino alemán había ganado dos protagonistas nuevos, pero el FC Fráncfort parecía resignado al tercer lugar. Cuando Marozsán llegó al equipo en el 2009, era un club campeón que no campeonaba.

Antes de llegar al FC. Fráncfort, Marozsán tuvo un destacado papel en los torneos mundiales sub-17 y sub-20. Su premio a mejor jugadora en el primero y goleadora en el segundo, la convertían en una de las mejores jugadoras de su generación en el mundo. Dentro del cuadro germano jugaba como una mediapunta retrasada, la misma posición que ocupaba en el equipo de mayores Nadine Kessler. A diferencia de un centro delantero esa posición permite a la futbolista recoger el balón en la mitad de la cancha y llevarlo al área rival con pases, paredes, gambetas o sorprender con disparos fuera del arco. Para un equipo la responsabilidad de una mediapunta se limita a la ofensiva. Si tiene una mala actuación —pierde la pelota, entrega malos pases— es como si el equipo jugará con una menos. Pero si es una futbolista que nunca baja su nivel, su continuo contacto con el balón, permitirá que su equipo tenga muchas oportunidades de ataque. Borja Rodríguez, un periodista de la revista española Tactical Room, la describió en 2013 como “una de las jugadoras de mayor nivel técnico en el mundo del fútbol”. La seleccionadora alemana Silvia Neid, lo volvió a repetir después de la final de las Olimpiadas de Río 2016, “Marozsán debe tener la mejor técnica del mundo”. La técnica es la habilidad de un futbolista para tratar a una la pelota como si fuera una extensión de su cuerpo. Para describir mejor esa pericia Rodríguez añadía “su dominio del balón es casi insultante, domina todos los rangos de pase y posee una excelente capacidad para definir”. Marozsán pudo haber sido víctima de esa plaga que persigue a los maestros de la pelota, que prefieren un enganche más a entregar el balón a un compañero. Sin embargo, ella prefiere pasar. A la que esté más libre. A la que tenga más oportunidades de anotar. A la que les haga ganar.

Entregar un balón a la parte interior del pie, a más de veinte metros de distancia es una eficaz manera de burlarse de la ingeniería. Las grandes futbolistas han acumulado en sus cuerpos una inteligencia cinética que les permite hacer lo imposible sin pensarlo. Quienes simplifican al fútbol como un deporte donde veintidós personas corren detrás de una pelota, se pierden de la oportunidad de ver el arte que Marozsán expresa en cada partido. Su primer técnico en el FC Fráncfort, Sven Kahlert, además de su técnica, quería utilizar su habilidad innata para quebrar las cinturas de sus marcadoras. En aquel tiempo su cambio de ritmo la volvía muy difícil de marcar. Podía acelerar a toda velocidad en segundos, y luego detenerse en seco. Kahlert decidió colocarla como una carrilera a la derecha del campo. Después de superar a sus marcadores, Marozsán enviaría centros perfectos a sus delanteras.

Durante su primer año, aunque no consiguieron ganar ninguno de los torneos en los que participaron, era evidente que era una muy buena idea. La siguiente temporada 2010/2011 tampoco fue la mejor para el equipo. El FFC Turbine de Potsdam de Kessler tuvo más suerte. Su joven mentora en su debut el 2009, había conseguido quedarse con la Liga — perdiendo solo dos juegos— y luego superar en la final de la Liga de Campeones al Lyon francés, por penales. Al año siguiente consiguieron la Copa Alemana. En sólo dos años su más antiguo adversario tenía todas las copas que deseaba el FC Fráncfort. Su rivalidad ha existido desde el comienzo de la Bundesliga en el 2000. Ambos clubes situados al este de Alemania han luchado por las mejores jugadoras, aunque sean contratando las del equipo rival. Esa competencia sigue nutriendo de buenas futbolistas a la selección. Por ejemplo Svenja Huth delantera de la selección absoluta, empezó jugando con Marozsán en el FC Fráncfort, y para la temporada 2016/2017 defenderá al Postdam. El éxito ajeno hizo que a comienzos del 2011 FFC Fráncfort se propusiera obtener al menos una nueva copa en sus vitrinas. La posibilidad de conseguirlo llegó pronto durante la final de la Copa Alemana, y frente al Turbine Potsdam.

En ese entonces la figura principal del club rival la había asumido la goleadora Anja Mittag. Nadine Kessler había optado por irse al Wolfsburgo femenino, quién ofrecía a su plantel las mismas instalaciones que su versión masculina. El partido realizado en Marzo es uno de los eventos que dan comienzo al calendario deportivo alemán. El Fráncfort lo ganó dos goles a uno, todos surgieron por la banda derecha de Marozsán. La revista alemana Kicker explicó la estrategia del técnico ganador Sven Kahlert, al abrir la cancha atacando por las bandas, creó el espacio para que las centro delanteras no tardaron en aprovechar. Svenja Huth se adelantó a los quince minutos luego de recibir un pase en el área. Luego el Postdam adelantó sus líneas y presionaron hasta que anotaron el empate al terminar el primer tiempo. Los más de veinte mil espectadores tuvieron que esperar hasta el principio del segundo tiempo para el segundo del Fráncfort. Con la ventaja de su lado las casacas negras se defendieron con la posesión del balón, y su capitana Nadine Angerer, pudo levantar la última copa que ganaría en el cuadro alemán.

Tendrían que pasar varios años antes de que el Fráncfort de Dzsenifer Marozsán volviera a levantar otro trofeo. Una lesión en su rodilla izquierda antes del mundial en Alemania el 2011, le quitó la oportunidad de ganar un mundial de local, además le restó velocidad a sus piernas y le forzó un cambio en su estilo de juego. Un vez que te lesionas los ligamentos laterales que ayudan a mantener estable la rodilla, son más altas las probabilidades de que vuelva a ocurrir. El técnico cambió a Marozsán de posición a centro delantera para evitar el recorrido innecesario. Sin poder acostumbrarse bien a su nueva posición, el equipo durante la temporada 2012/2013 no tuvo victorias importantes. Algunas de las futbolistas experimentadas decidieron cambiar de equipo. La capitana Nadine Angerer que llevaba cuatro años con el equipo partió a Australia en el mejor momento de su carrera. Fue figura en la Eurocopa del 2013, atajando dos penales en la final contra Noruega, y posteriormente ganando el premio a mejor jugadora del mundo. El futuro de Marozsán parecía tan incierto como el de su club. Para la temporada 2013/2014 la directiva eligió el técnico inglés Colin Bell, actual técnico de la selección irlandesa, con la misión de retomar los primeros lugares de Europa. Una de sus primeras decisiones fue colocar a Marozsán en el centro del campo, no como una segunda delantera, sino más retrasada como si tomara el control entre la defensa y el ataque. Además consiguieron a la delantera de la selección Celia Sasic, una de las futbolistas alemanas más goleadoras de la década. La franco alemana, de origen camerunés, era una delantera “que ama anotar goles pero que no descuida la intensidad de su marca” opinó Bell sobre su juego. Era lo que necesitaba la ofensiva del equipo. Marozsán había participado en algunos partidos junto a ella en la selección, pero su relación deportiva los próximos tres años iba a cambiar sus carreras para siempre.

La importancia de dar un pase

Cuando Celia Sasic fue nombrada la mejor futbolista Europea del año 2015 —y estuvo en el top tres para ser elegida mejor futbolista del mundo— la prensa alemana, después de buscar a sus entrenadores, quería una declaración de Marozsán. Desde su llegada al club hasta su retiro justo después del mundial de Canadá 2015, Sasic pasó de ser una buena delantera a alguien a quién no podías dejar un segundo de comodidad para definir. De los cuarenta partidos que jugó con su club anotó cuarenta y dos goles. Con la selección alemana, donde la dupla ya era titular, su efectividad pasó de ser de un gol cada cuatro partidos, a anotar cada dos. Sus anotaciones no clasificarían al mejor gol del año, pero eran muy importantes. Aparecía en las finales, en los juegos cerrados, en los partidos fáciles, durante una lluvia, en el verano, hasta en la nieve. Durante dos años lideró la lista de goleadoras con una regularidad que sorprende desde la estadística, pero que no llama la atención a quién siguiera sus juegos. Un periodista de la FIFA escribió que “cada vez que Dzsenifer Marozsán conducía el balón, Sasic sabía hacia donde tenía que correr”, la frase nos habla de la confianza de una delantera de correr al vacío porque sabe que llegará el pase. Sasic fue la goleadora de la Liga de Campeonas el 2014/2015 con catorce anotaciones, un récord que sólo han coseguido otras dos delanteras en la historia de la Liga de Campeones. Los datos nos decían que Sasic era la figura del equipo, lo cierto es que ahora anotaba más porque su equipo generaba muchas más oportunidades de gol por juego. En sus ocho juegos antes de la final en la que derrotaron al PSG francés, anotaron un total de cuarenta goles y sólo habían permitido dos. Desde que Colin Bell cambió la estrategia de juego y la adaptó a su talentosa futbolista de 21 años, el grupo empezó a funcionar de una forma diferente. El éxito de Sasic, era también el éxito de Marozsán, porque su forma de juego donde se privilegia el pase al individualismo, mejoraba la actuación de cualquiera. Sino hubiera sido por las lesiones que sufrió Marozsán más tarde aquel año, que la marginó parcialmente del mundial de Canadá, quizás las copas que hubieran levantado aquella temporada hubieran aumentado.

Poco después de ese triunfo, Alemania quedó en el cuarto lugar en Canadá 2015, luego de ser eliminado en uno de los partidos más tensos y cerrados en la historia de los mundiales contra Estados Unidos. El partido lo perdieron por dos goles, pero no porque necesitaran mejorar sus defensa ni sus delanteras presionar más las salidas. El primer gol vino de un penal a los veinte minutos del segundo tiempo. Lo convirtió Carli Lloyd con frialdad, luego de una entrada un tanto fuerte contra Alex Morgan. El segundo llegó faltando cinco minutos para el final, con una Alemania volcada al arco rival, Kelley O’hara aprovechó los espacios y sorprendió a la defensa germana. El partido terminó con once disparos al arco, pero sólo uno en portería por parte de Alemania: un penal que Hope Solo le atajó a Sasic. Cuando Marozsán ingresa al partido faltando apenas diez minutos por Anja Mittag, Silvia Neid le da la tarea de crear un poco de magia que pudiera revertir la situación. Darles a sus delanteras la posibilidad de anotar contra una defensa que jugó su mejor partido del mundial. El tiempo fue muy corto y la desesperación muy grande. El resultado negativo del partido afectó el espíritu del equipo. En el juego por la medalla de bronce, perdieron por un gol ante Inglaterra. Las británicas que fueron goleadas por tres goles en el partido preparación al mundial, obtuvieron el triunfo en tiempos extra luego de soportar el asedio alemán con Marozsán observando el partido desde la banca. Esta derrota marcó el final de la carrera de Sasic, quién decidió retirarse para empezar una familia. “Su determinación para entregar el 100% a su equipo es una cualidad sin comparación” ha dicho su ex técnico Bell describiéndola. Perder de esa forma le había quitado la motivación de seguir jugando fútbol. Pero Marozsán prefiere recordarla en la final de la Liga de Campeones “Celia encarriló el triunfo gracias a su gol de cabeza. ¡Y eso es algo que jamás olvidará una jugadora del Fráncfort!” comentó en una entrevista sobre su antigua compañera. Con 27 años Sasic se retiraba del fútbol, Marozsán se convertía en la nueva capitán de Alemania.

La música que nace de sus pies

En el minuto 47 del segundo tiempo del partido por la medalla de oro, en los Juegos Olímpicos de Río 2016, después de un torneo perfecto la defensa sueca cometió su primer error. Melanie Leopolz la veloz mediocampista por derecha del Bayern, pateó un mal centro hacia la delantera Anja Mittag. El balón en vez de ir a sus pies le quedó a sus espaldas, sin embargo su marcadora Nilla Fischer, una experimentada defensa del Wolfsburgo alemán, se estiró para despejarlo. La pelota golpeó su pie izquierdo cambiando su dirección. El balón se coló entre las dos defensas suecas, que quedaban de resto. Sólo pudieron seguir con la mirada el recorrido de la pelota saliendo del área. Entonces la detuvo un chimpún negro y amarillo, el dorsal de la camiseta roja era el diez, en su brazo derecho tenía la cinta del capitán. Dzsenifer Marozsán pisó la pelota con el pie derecho y empujándola con la planta del pie la dejó unos centímetros más adelante. Le tomó un segundo levantar la cabeza y ver el arco. En el siguiente instante pateó un disparo potente, curvo y elevado. La pelota superó los 179 cm de la portera Hedvig Lindahl, que había saltado para detenerla, pero su guante no alcanzó para desviar el balón de su camino en el ángulo derecho del arco. Cuando ingresó la pelota Marozsán ahogó un gritó. Una a una sus amigas la cubrieron, hasta convertirse en el montículo de cuerpos más feliz del mundo.

El éxtasis del gol había sido provocado por un primer tiempo que había seguido el guión que Suecia había impuesto a sus rivales durante todo el torneo. Una defensa tan sólida que desesperara al contrincante, y un contragolpe veloz que diera el golpe de gracia. Ese gol inesperado, bien ejecutado por Marozsán, mostraba una sangre fría poco frecuente para su edad. La defensa sueca parecía quebrarse y perdía su concentración. No tardaría llegar otro error de la defensa, cometiendo una falta evitable al frente del área. Marozsán pidió el balón, era perfecto para ella. Después del partido Silvia Neid declaró algo crucial para entender el tipo de futbolista que es Marozsán “es el tipo de jugadora que realmente ayuda a todo el equipo, ya sea con un pase o un disparo o un tiro libre. Jugadoras como ella te ayudan a ganar, te ayudan a ganar una medalla y a veces una medalla de oro”. El último honor que les faltaba en la repisa de trofeos a esa selección era pararse en el lugar más alto del podio olímpico. En aquel partido que parecía imposible de ganar, ahora ella tenía la oportunidad de anotar el segundo y asegurar el juego. Ha anotado decenas de goles desde esa posición. Con la parte interna del pie pateó el balón con un efecto venenoso hacia el lado izquierdo de la arquera. No fue un disparo potente, la arquera consiguió llegar a él, pero no pudo orientar su despeje. Un balón suelto para la mejor defensa del torneo no debería haber sido un problema. Pero el anterior gol había sembrado la desesperación en el cuadro sueco, cuando la marcadora Linda Sembrant estuvo al alcance de la pelota a pesar de no tener marca, intentó alejar el peligro del área chica de inmediato. Su intención era despejar el esférico lo más rápido posible. Por error terminó pateándolo en dirección a su arco.

El autogol no amilanó a las suecas. Unos minutos después la promesa rubia Stina Blackstenius marcó el gol del descuento, y cerca del final un córner a favor de las de amarillo estuvo a punto de poner en igualdad al partido, pero el resultado se mantuvo a favor de Alemania. Una selección que no empezó del todo bien en el torneo empatando varios partido que parecían sencillos. Conforme Dzenifer Marozsán empezó a asumir más responsabilidad, el equipo funcionó mejor hasta llegar a la final. “Fue un juego muy difícil” dijo a la prensa la diez alemana “fue complicado para nosotras romper esa doble muralla”. Cuando Neid se animó a describir su actuación la describió como una granada. “La observaré desde las gradas, y seré feliz”, sonrió Neid ante la perspectiva de pasar al retiro como una hincha más de un equipo que continuará levantando copas. En este juego los pases no fueron protagonistas sino su técnica para anotar goles. Hay días en donde lo mejor para el equipo es que la directora de la orquesta, demuestre que es una gran solista y deleite al mundo con la música que nace de sus pies.

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